Qué es la fe cristiana y las fuerzas que la mueven

Expresiones como “ten fe, todo saldrá bien” son usadas comúnmente para apoyar o tranquilizar a quienes enfrentan problemas difíciles o situaciones angustiantes, pero ¿cómo se describe el concepto de fe en la Biblia? ¿Realmente funciona tener fe?

En el Nuevo Testamento, la palabra “fe” viene del griego pistis. Según New Strong’s Expanded Dictionary of Bible Words [Nuevo diccionario ampliado de palabras bíblicas Strong], “el término pistis denota una creencia determinada por confianza (o seguridad) predominante, ya sea en Dios o en Jesucristo, que surge de la fe en los mismos. ‘Fe’ significa confianza, seguridad, certeza, y convicción” (p. 1315).

En Hebreos 11:1, la Biblia define esta palabra de la siguiente manera, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Entonces, la fe es la esencia o certidumbre de algo que esperamos y no hemos recibido; en cierta manera, la fe (seguridad, convicción, confianza) nos da evidencia de lo que no podemos ver—lo espiritual e invisible. La fe se manifiesta antes de recibir respuesta a una oración o algo que hayamos pedido a Dios pues, una vez que nos lo da, la fe ya no es necesaria.

Fe Cristiana: El Credo Primitivo

La fe cristiana está fundada en Jesucristo y en Su resurrección. Antes de que fuesen escritos los evangelios del Nuevo Testamento, los primeros líderes cristianos declararon su creencia en la muerte y resurrección de Jesús, a través de la declaración de creencias conocida como el credo. El primer registro del credo cristiano es presentado por Pablo, y se encuentra en 1ra de Corintios 15:3-8:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; Y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; Y al último de todos, como un abortivo, me apareció a mí.”

¿De dónde proviene la fe?

La fe no es algo que conjuramos por nuestra cuenta, ni es algo de nacimiento, tampoco es un resultado de la diligencia en estudiar o buscar lo espiritual. Efesios 2:8-9 hace claro que la fe es un don de Dios, no porque lo merecemos, lo hemos ganado, o somos dignos de tenerlo. No es de nosotros mismos; es de Dios. No se obtiene por nuestro poder o nuestro libre albedrío. Simplemente es dada a nosotros por Dios, junto con su gracia y misericordia, según su santo plan y propósito, y por eso, él recibe toda la gloria.

La fe, sin embargo, no es un trofeo o un punto de llegada; es, en cambio, un punto de partida. Desde el momento en que se acoge el don de la fe el cristiano comienza un camino completamente nuevo, lleno de sorpresas, donde no faltan tampoco las dificultades.

La verdadera relación que el hombre estrecho con Dios necesita de un dinamismo, de un continuo conocimiento, de un continuo descubrimiento, de un continuo confiar y abandonarse, de un continuo “éxodo”; una aventura compartida que ve a Dios actuar con el hombre y en el hombre.

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