Niños que asisten a iglesia tienen mejor salud

Los niños y adolescentes criados con prácticas espirituales, son más felices y tienden a tener una mejor salud física y mental a medida que envejecen, según nuevo estudio de la escuela de salud pública de la Universidad de Harvard.

La investigación fue publicada en la revista American Journal of Epidemiology, revela que las personas que oran o meditan obtuvieron beneficios similares, incluido un menor riesgo de abuso de sustancias y depresión.

El equipo no sólo analizó la participación en los servicios religiosos, sino que también midió cuánto tiempo pasaron orando o meditando. El resultado final indica que aquellos que oraron o meditaron cada día sintieron más satisfacción con la vida, procesaban mejor las emociones y eran más bueno y amable que aquellos que no pasaron tiempo orando. Los participantes enmarcados en esta categoría también tienen menos probabilidades de tener relaciones sexuales a una edad temprana o de contraer enfermedades de transmisión sexual.

“Estos descubrimientos son importantes para nuestra comprensión de la salud y las prácticas de los padres”, dijo el autor del estudio, Ying Chen. “Muchos niños son criados de una manera religiosa y nuestro estudio muestra que esto puede afectar enormemente en su salud física y mental, más allá de la percepción de la felicidad y el sentido del bienestar”.

Persistencia y eficacia

Investigaciones realizadas en distintas partes del mundo han demostrado que las personas más devotas tienden a tener un mejor rendimiento escolar, a vivir durante más tiempo y, en general, a ser más felices, asegura McCullough.

Ahora, la revisión por parte del investigador y de su colaborador, Brian Willoughby, de estudios realizados en las últimas ocho décadas ha permitido concluir que la fe religiosa y la devoción fomentan, además, el autocontrol.

Según escriben los científicos en un artículo publicado en el Psychology Bulletin de la American Psychological Association (APA), los resultados obtenidos señalan que la gente religiosa, en general, es más persistente y capaz de alcanzar aquellos objetivos a largo plazo importantes para ellos y para sus grupos religiosos.

Este hecho podría ayudar a explicar por qué las personas religiosas tienden a presentar tasas más bajas de abuso de sustancias, mejor rendimiento académico, niveles más bajos de delincuencia, mejores hábitos de salud, menos depresión y una mayor esperanza de vida.

Autocontrol secular

La revisión de las investigaciones sobre religión y autocontrol realizada por McCullough contribuye además a comprender mejor cómo la misma fuerza social que motiva actos de caridad y generosidad puede también provocar que la gente llegue incluso a llevar bombas pegadas al cuerpo para hacerlas estallar en sitios públicos.

Según los investigadores, si se piensa que la religión ayuda a controlar los impulsos personales para servir a objetivos mayores, se comprende que pueda motivar a los individuos a hacer cualquier cosa, positiva o negativa.

Desde una perspectiva más optimista, en The New York Times McCullough recomienda, para cualquiera que desee aumentar su autocontrol, copiar algunos de los mecanismos religiosos que lo posibilitan, como la meditación o la vinculación a organizaciones con grandes ideales.

Las personas religiosas, afirma, se autocontrolan más no sólo por el miedo al juicio de Dios, sino porque están absorbidas por ideales de sus religiones respectivas, que han ido incorporando a sus propios sistemas de valores.

Estos ideales les dan a sus objetivos personales un aura de sacralidad que garantiza su dedicación y persistencia. A cualquier persona, encontrar sus propios “valores sagrados”, aunque no sean religiosos, podría ayudarle en el mismo sentido.

Las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas, señalan los resultados de la revisión de las investigaciones realizadas a este respecto en los últimos ochenta años. Así, se ha descubierto, por ejemplo, que ciertos rituales religiosos –como la oración o la meditación- afectan a partes de la corteza del cerebro humano que resultan claves en la autorregulación y el autocontrol. Por otro lado, las religiones contribuyen al autocontrol porque proporcionan a los individuos modelos claros de comportamiento. Esta autorregulación permite que los individuos religiosos sean más persistentes y más eficientes en la consecución de los objetivos que para ellos resultan “sagrados”. Una vez conocido el mecanismo, según los científicos, éste puede ser “copiado” por cualquier individuo para implementar cualquier resultado.

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