En el matrimonio somos dos en uno, Dios está con nosotros.

El matrimonio implica dejar el hombre al padre y la madre y se unira a la mujer y se convertirán en uno. Es necesario “dejar” en un sentido físico, y “dejar” en un sentido emocional. Es necesario cortar el “cordón umbilical” para que la nueva pareja pueda caminar por sí sola, pero recordemos que “dejar” no significa “dejar de honrar”, de cuidar, de amar, porque el “honrarás padre y madre” no tiene fecha de caducidad.

Estamos hablando de matrimonios bendecidos cuando hay una triada (esposo, esposa y dios) pero se convierten en uno para que Dios de la fortaleza y proteger el matrimonio del enemigo que viene a atacar. El señor creó al hombre y mujer (al ser humano) para amarse y fue cuando el enemigo quiso atacar cuando vio la fortaleza de Dios en medio del matrimonio.

El término “una sola carne” viene del libro de Génesis en la narración de la creación de Eva: “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:21-24).

Cuando decimos “el hombre se unirá a su mujer” no significa que nos casamos y al otro día somos uno, sino que el tiempo, la paciencia, el amor, la convivencia es lo que hace que dos se conviertan en uno. Esto es lo que hace la felicidad en el matrimonio, meter a Dios en el matrimonio que esté acompañando el matrimonio de la mano para protegernos de los enemigos que nos vienen a atacar la creación divina.

Jesús lo dejó todo, se unió a su Esposa y se hizo una sola carne con ella, por la eternidad. Es la mejor buena nueva que se pueda imaginar, y llena de significado cada momento de la vida. Si puedes ver en Cristo al “Deseado de todas las gentes”, al “señalado entre diez mil”, tu esposo / esposa apreciará en ti ese “amor de Dios que está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado” (Rom. 5:5), ese amor que “nunca deja de ser” (1 Cor. 13:8).

Con el tiempo vamos conociendo mejor a nuestras parejas y nos vamos convirtiendo en una sola persona, con amor, con confianza, con complicidad, con la bendición de Dios que nos acompaña todos los día.

Visite nuestro programa “Casado y Feliz, Sí se puede” donde nuestro Pastor Manny Arisso resalta que en el matrimonio ya no son dos sino uno en carne.

https://www.youtube.com/watch?v=A0lncJVEUp8&list=PLKZp4pfgDBiyaTV0iUmg6ak9dVoS4mJ70

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